“Como a las 12:00 de la noche
escuché la voz de la Virgen como la aparición en Cuapa,
entró a mi cuarto toda rodeada de luz con un velo en la
cabeza, una corona, un manto azul celeste y un niño en
brazos”
“Hijo
estoy contenta por que estás siguiendo mis apariciones, quiero que
se restaure la parroquia de Nuestra Señora de las Victorias, que se
den catecismos...”.
Bernardo Martínez, Vidente de
Las Apariciones de la Virgen de Cuapa.
La Aparición en el Crucero1
En 1987 Bernardo tuvo una
aparición de la Virgen María en la Iglesia de Nuestra Señora
de las Victorias, en El Crucero. El Crucero es un
pequeño pueblo situado en el kilómetro 24 de la Carretera
Sur, saliendo de Managua hacia Diriamba.
Bernardo relató la aparición así:
Cuando llegué a Managua, huyendo
de la persecución que había desatado contra mí el gobierno
sandinista, estuve cuatro años oculto en el Seminario Menor
y después, en 1986, pedí al señor Obispo que me dejara ir a
trabajar a la iglesia de Nuestra Señora de las Victorias,
porque el primero, Monseñor Anclino, estaba muy anciano.
Obtuve el permiso y fui a ayudarle, pero vi. que había mucho
trabajo por hacer, tanto espiritual como material, y no
hallaba por donde empezar.
Le pedí a Monseñor Mondragón que
asignara unos seminaristas para que me ayudaran, y él me
envió a doce muchachos, pero eran de los que acababan de
ingresar al seminario y no tenían gran instrucción.
Entonces fui a casa de los Jesuitas, compré algunos
catecismos y les di catequesis para que ellos se instruyeran
y enseñaran a la gente. Entonces fue que desató la
gran persecución contra los jóvenes, para obligarlos al
servicio militar.
A los jóvenes en ese tiempo se
los llevaban sin entrenamiento, ni instrucción alguna;
simplemente a morir en las montañas de Nicaragua. Yo
temía que se llevaran a los muchachos que estaban conmigo.
Cuando nos reuníamos con los jóvenes, había allí cerca una
casa en la que estaban los milicianos y se quedaban
mirándonos como diciendo: "Estos andan tan tranquilos
y nosotros aquí con este rifle....." Siempre hay un
espíritu de revanchismo, ¿verdad?, en el que está en una
situación difícil, contra el que está en mejor situación, y
yo tenía miedo de eso.
Entonces fue cuando, el 7 de
marzo, nos reunimos a dormir en la sacristía de la iglesia.
Acuñe bien las puertas, asegurándolas para que nadie
entrara; porque también pasaba esto, que entraban de noche a
las casas a llevarse a los muchachos. No lo hacían de
día, sino de noche, como un secuestro, y lo jóvenes
desaparecían; se los llevaban no sé a dónde. Ni sus
padres ni nadie los sabía, solamente las autoridades.
Por esto, no me podía dormir, porque estaba cuidando a los
muchachos.
Ellos dormían en los cuartos,
mientras yo pensaba: "Quizá vengan a buscarlos, pero
aquí tenemos unos garrotes para no dejar que se los lleven;
es mejor muramos aquí - pensaba yo - antes que ir a morir en
las montañas. Pero esto humanamente hablando, porque
lo religioso no se puede actuar así. Humanamente,
porque son hombre como cualquier otro, yo pensaba que
debíamos apalearlos. Pero ellos estaban mejor armados,
porque nosotros sólo teníamos garrotes y ellos podían darnos
un balazo y así moriríamos. En eso pensaba, cuando se
me ocurrió: "Esto es tentación de Satanás", lo de
apalear a la gente y estar molestando a las personas.
Entonces saqué mi rosario, me senté en la cama y me puse a
rezar el rosario.
Ya era pasada la medianoche
cuando me dije, "Voy a descansar un ratito, para después
seguir orando, para tranquilizarme y dormir mes".
Porque a veces me duermo rezando el rosario. Entonces
fue cuando oí la voz que me llamaba: "Bernardo"
Yo reconocí la voz de Ella; la voz dulcísima
que siempre describo cuando relato las apariciones de la
Virgen.
Me dije: "¡La Virgen me
habló!" ¿Será que alguien la está imitando, tratando
de engañarme para que yo abra la puerta y me lleven a los
muchachos?" Pero pensé "No; nadie la puede
imitar". Porque ha habido personas, especialmente
mujeres, que han querido imitar la voz, para ver si yo puedo
reconocerla y decir esta es la voz, pero ninguna es igual.
Entonces, me convencí: "Nadie la puede imitar, y
¡mucho menos un hombre". Le contesté: "Aquí
estoy".
Así, pues, no había encendido la
luz ni abierto las puertas (que son enteras de madera)
cuando vi una luz traspasaba la tabla de la puerta y que el
cuarto se iba iluminando. Me quedé mirando y pensé:
"¿Cómo es que esa luz traspasa la puerta como si fuera
vidrio?" Y luego veo que Ella pasa también a través de
la puerta y se detiene frente a mí. ¡ELLA!
Entonces me arrodillé. Uno de los muchachos dormía
cerca de mí; le toqué el pie y le dije "Levántate, que la
Virgen entró a nuestro cuarto? ¡Mírala, ve qué bella
es!".
El muchacho me contestó, "Déjeme
dormir, que estoy cansando". Esto lo dijo como
dormido, así que lo dejé en paz.Entonces la vi bien. La
luz que daba en el cuarto venía de una aureola de luz que
tenía alrededor del cuerpo. Llevaba un manto
azul-celeste cruzado en el hombro; el vestido era blanco,
con manga larga, recogido aquí (señala sus mangas) y le
llegaba hasta los pies; sólo algo de los dedos se le veía.
Su rostro -siempre como yo la describo- era de tez un poco
morena, de ojos café y pelo castaño. Se cubría la
cabeza con un velo blanco tirado hacia atrás, bajo el cual
le salía un poco el cabello, y vi que era de color castaño.
En la cabeza llevaba una corona bellísima, como de reina,
que terminaba en una cruz, y estaba adornada de piedras
preciosas y brillaba como el oro.
En los brazo traía un Niño
varón, como de un año, de cuerpo esbelto; no era muy gordo
ni muy delgado, sino esbelto. Tenía un parecido con
Ella y el pelo partido hacia un lado. Estaba vestido
con una túnica de color crema y tenía una mantilla, como la
que usan las madres prevenidas cuando los niños están
pequeños. El Niño jugaba con las manos, como todo
niño, y se las llevaba a la boca. Se tocaba los pies y
balbuceaba palabras; se sonreía. Cuando Ella hablaba,
también El hablaba en su lenguaje de niño. Las
palabras que Ella pronunció fueron las siguientes:
Estoy contenta contigo, porque
vas siguiendo las inspiraciones que yo te he dado. Te
mandé a esta parroquia de Santa María de Las Victorias
porque está muy decaída y quiero que se restaure.
Quiero que se dé catecismo por todos los rincones y se hable
de la palabra de Dios; quiero que vuelvan a la tradición de
la Iglesia y al agua bendita.
En ese
momento, en el cuarto tan pequeño
vi una enorme iglesia, lindísima, grande, y en la puerta
mayor había una pila de agua bendita y la gente metía el
dedo pulgar, se santiguaban e iban a rezar al Santísimo.
Después desapareció esta visión, y el cuarto se hizo una
iglesia enorme.
1 Bernardo Martínez, Vidente de
La Apariciones de la Virgen de Cuapa.