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| El Culto a
María
Catequesis de S.S. Juan Pablo II
en la audiencia general de los miércoles
15 de octubre de 1997
1. «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su
Hijo, nacido de mujer» (Ga 4, 4). El culto mariano se funda
en la admirable decisión divina de vincular para siempre,
como recuerda el apóstol Pablo, la identidad humana del Hijo
de Dios a una mujer, María de Nazaret.
El misterio de la maternidad divina y de la cooperación de
María a la obra redentora suscita en los creyentes de todos
los tiempos una actitud de alabanza tanto hacia el Salvador
como hacia la mujer que lo engendró en el tiempo, cooperando
así a la redención.
Otro motivo de amor y gratitud a la santísima Virgen es su
maternidad universal. Al elegirla como Madre de la humanidad
entera, el Padre celestial quiso revelar la dimensión —por
decir así— materna de su divina ternura y de su solicitud
por los hombres de todas las épocas.
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| El
Maníficat
Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Solemnidad de la
Asunción de la Virgen María
15 de
agosto de 1999
1. «Magníficat
anima mea Dominum!» (Lc 1, 46).
La Iglesia
peregrina en la historia se une hoy al cántico de exultación de la
bienaventurada Virgen María, expresa su alegría y alaba a Dios
porque la Madre del Señor entra triunfante en la gloria del cielo.
En el misterio de su Asunción, aparece el significado pleno y
definitivo de las palabras que ella misma pronunció en Ain Karim,
respondiendo al saludo de Isabel: «Ha hecho en mi favor maravillas
el Poderoso» (Lc 1, 49).
Gracias a la
victoria pascual de Cristo sobre la muerte, la Virgen de Nazaret,
unida profundamente al misterio del Hijo de Dios, compartió de modo
singular sus efectos salvíficos. Correspondió plenamente con su «sí»
a la voluntad divina, participó íntimamente en la misión de Cristo y
fue la primera en entrar después de él en la gloria, en cuerpo y
alma, en la integridad de su ser humano.
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Las Bodas
de CanáEn Caná, María induce a Jesús a realizar el primer
milagro
Catequesis de S.S. Juan
Pablo II en la audiencia general de los miércoles
5 de
marzo de 1997
1. Al
referir la presencia de María en la vida pública de Jesús, el
concilio Vaticano II recuerda su participación en Caná con ocasión
del primer milagro: «En las bodas de Caná de Galilea (...), movida
por la compasión, consiguió intercediendo ante él el primero de los
milagros de Jesús él Mesías (cf. Jn 2, 1-11)» (Lumen gentium, 58).
Siguiendo al
evangelista Juan, el Concilio destaca el papel discreto y, al mismo
tiempo, eficaz de la Madre, que con su palabra consigue de su Hijo
«el primero de los milagros». Ella, aun ejerciendo un influjo
discreto y materno, con su presencia es, en último término,
determinante. Leer más
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He ahí a
Tu MadreCatequesis de S.S. Juan
Pablo II en la audiencia general de los miércoles.
7 de mayo
de 1997
1. Jesús,
después de haber confiado el discípulo Juan a María con las
palabras: «Mujer, he ahí a tu hijo», desde lo alto de la cruz se
dirige al discípulo amado, diciéndole: «He ahí a tu madre» (Jn 19,
26-27). Con esta expresión, revela a María la cumbre de su
maternidad: en cuanto madre del Salvador, también es la madre de los
redimidos, de todos los miembros del Cuerpo místico de su Hijo.
La Virgen
acoge en silencio la elevación a este grado máximo de su maternidad
de gracia, habiendo dado ya una respuesta de fe con su «sí» en la
Anunciación.
Jesús no
sólo recomienda a Juan que cuide con particular amor de María;
también se la confía, para que la reconozca como su propia madre.
Durante la
última cena, «el discípulo a quien Jesús amaba» escuchó el
mandamiento del Maestro: «Que os améis los unos a los otros como yo
os he amado» (Jn 15, 12) y, recostando su cabeza en el pecho del
Señor, recibió de él un signo singular de amor. Esas experiencias lo
prepararon para percibir mejor en las palabras de Jesús la
invitación a acoger a la mujer que le fue dada como madre y a amarla
como él con afecto filial.
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