
¡Ha resucitado! –Jesús ha resucitado. No
está en el sepulcro. –La Vida pudo más que la muerte.
Se apareció a su Madre Santísima. –Se apareció a María de Magdala,
que está loca de amor. –Y a Pedro y a los demás Apóstoles. –Y a ti y
a mí, que somos sus discípulos y más locos que la Magdalena: ¡qué
cosas le hemos dicho!
Que nunca muramos por el pecado; que
sea eterna nuestra resurrección espiritual. —Y, antes de terminar la
decena, has besado tú las llagas de sus pies..., y yo más atrevido
—por más niño— he puesto mis labios sobre su costado abierto.
(Santo Rosario, 11)
"El día del triunfo del Señor"
El día del triunfo del Señor, de su Resurrección es definitivo.
¿Dónde están los soldados que había puesto la autoridad? ¿Dónde
están los sellos, que habían colocado sobre la piedra del sepulcro?
¿Dónde están los que condenaron al Maestro? ¿Dónde están los que
crucificaron a Jesús?... Ante su victoria, se produce la gran huida
de los pobres miserables. Llénate de esperanza: Jesucristo vence
siempre. (Forja, 660)
Al caer la tarde del sábado, María Magdalena y María, madre de
Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar el cuerpo
muerto de Jesús. –Muy de mañana, al otro día, llegan al sepulcro,
salido ya el sol. (Marc., XVI, 1 y 2.) Y entrando, se quedan
consternadas porque no hallan el cuerpo del Señor. –Un mancebo,
cubierto de vestidura blanca, les dice: No temáis: sé que buscáis a
Jesús Nazareno: non est hic, surrexit enim sicut dixit –no esta
aquí, porque ha resucitado, según predijo. (Math., XXVIII, 5.)
Que nunca muramos por el pecado; que sea eterna nuestra resurrección
espiritual. –Y, antes de terminar la decena, has besado tú las
llagas de sus pies..., y yo más atrevido –por más niño– he puesto
mis labios sobre su costado abierto (Santo Rosario. 1º misterio
glorioso).
Evangelio según San Juan, capítulo 20, versículos del 1 al 9
12 de Abril de 2009
Domingo de Resurrección
APARICION A LA MAGDALENA Y A LOS APOSTOLES.
1. El primer día de la semana, de madrugada, siendo todavía oscuro,
María Magdalena llegó al sepulcro; y vió quitada la losa sepulcral.
2. Corrió, entonces, a encontrar a Simón Pedro, y al otro discípulo
a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al
Señor, y no sabemos dónde lo han puesto".
3. Salió, pues, Pedro y también el otro discípulo, y se fueron al
sepulcro.
4. Corrían ambos, pero el otro discípulo corrió más a prisa que
Pedro y llegó primero al sepulcro.
5. E, inclinándose, vió las fajas puestas allí, pero no entró.
6. Llegó luego Simón Pedro, que le seguía, entró en el sepulcro y
vió las fajas puestas allí,
7. y el sudario, que había estado sobre su cabeza, puesto no con las
fajas, sino en lugar aparte, enrollado.
8. Entonces, entró también el otro discípulo, que había llegado
primero al sepulcro, y vió, y creyó.
9. Porque todavía no habían entendido la Escritura, de cómo Él debía
resucitar de entre los muertos.
Reflexión
Jesús ha vencido al mal – incluso el que nosotros hemos cometido –,
y nosotros hemos triunfado con Él. La Magdalena se postra ante Él, y
Él la llena del gozo de su resurrección, como quiere llenarnos a
nosotros en este rato de oración. Sólo basta perseverar en la prueba
y pedir su gracia, buscar para encontrarlo.
Pero Cristo Resucitado nos muestra que Él no se deja ganar en
generosidad. María Magdalena no pensaba encontrar más que un
cadáver, y sin embargo, Cristo se le muestra con su cuerpo glorioso,
vivo para siempre. Animados por esta confianza, debemos también
acercarnos con una disposición de entrega a Jesucristo, para pedirle
que nos ayude a vencer al hombre viejo, a vivir como hombres o
mujeres nuevos...
La resurrección obra una auténtica transformación en la Magdalena.
Ya no llora. Ahora es enviada por Cristo a traves del ángel, a
anunciar el gozo de su triunfo: “Ve y dile a mis hermanos..” ¡Por
primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha
realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos adoptivos
de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma
misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los
recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María
Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se
conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo.
María Magdalena sale a dar testimonio de la resurrección, pero su
amor no le permite sólo rezar y dar ejemplo con su vida virtuosa
para que los demás conozcan a Cristo. Ella siente la necesidad,
esencial a nuestra vocación cristiana, de hacer algo, hablar,
predicar, atender, ayudar, etc., todo lo que pueda, para dar a
conocer el amor de Cristo al mundo.
Cristo resucitado, me atrevo a ponerme en tu presencia para que me
llenes de Ti y del gozo de tu triunfo sobre el mal y la muerte. Creo
firmemente en tu presencia renovadora, pero aumenta mi pobre fe.
Confío que eres Tú quien me guiará en esta meditación y en toda mi
vida para vivir como un hombre o mujer nuevo(a). Enciéndeme con el
fuego de tu amor, para que me entregue a Ti sin reservas y quemes
con tu Espíritu Santo mi debilidad y cobardía para darte a conocer a
mis hermanos.
COMENTARIO
1 ss. Véase Mat. 28, 1 - 10; Marc. 16, 1 - 8; Luc. 24, 1 - 11. El
primer día de la semana: el domingo de la Resurrección, que desde
entonces sustituyó para los cristianos al sábado, día santo del
Antiguo Testamento (cf. Col. 2, 16 s.; I Cor. 16, 2; Hech. 20, 7).
Sobre el nombre de este día cf. S. 117, 24; Apoc. 1, 9 y notas.
7. Es de notar la reverencia especial para con la sagrada Cabeza de
Jesús que demuestran los ángeles. No quiso Dios que el sudario que
envolvió la Cabeza de su Hijo muy amado quedase confundido con las
demás vendas.
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