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¿A quién has venido a ver?

 

 

     Porque considero prudente y necesario aclarar varios temas, me siento movido a escribir sobre ciertos aspectos contraproducentes que se dan en la vida del Santuario de Cuapa que, por su repetición, se pueden convertir en un equívoco hábito que nos podría apartar del verdadero Mensaje que la Madre del Señor vino a entregarnos en 1980 por medio de Su fiel siervo Bernardo Martínez.

     Personalmente he observado las muchas veces que he celebrado la Eucaristía en el Lugar de las Apariciones con la participación de muchos Fieles que llegan de todas partes de Nicaragua y allende, que aún no he finalizado la Santa Misa cuando las personas ya están con los ojos fijos en el cielo buscando ver danzando al sol y los colores maravillosos que se pintan en el cielo azul cada vez que sucede el milagro. Este fenómeno no puede ser explicado por nadie, por lo tanto, es ciertamente un prodigio que no se niega para nada, es un hecho objetivo y sin ninguna explicación científica: es pues, un Milagro. Milagro que ha sido visto por millares de personas desde que la Madre del Señor se manifestó en el municipio de Cuapa entre los meses de mayo a octubre de 1980 y que continúa siendo visto por los Fieles hasta este día. Igualmente, el milagro ha sido recogido en fotos a como también ha sido filmado. Entre los testigos oculares del prodigio, se encuentra el embajador del Japón, Su Excelencia Ryo Kawade, cuando representaba a su país en Nicaragua en el año 1985. El Embajador Kawade, que no era cristiano sino budista-sintoísta, escribió inclusive una carta-testimonio dirigida al Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad en Nicaragua, Su Excelencia Reverendísima Mons. Andrea di Montezemolo. La carta está fechada 4 de diciembre, 1985 y el Embajador, junto con su séquito, fueron testigos del Milagro el día 25 de julio, 1985, fiesta de Santiago Apóstol. Acompañaban al señor embajador del Japón, la Doctora Michiko Nonoyama, escritora japonesa y profesora universitaria en el Japón, no cristiana igualmente, la secretaria de la sede diplomática, Guadalupe de Morales y Ramón Álvarez, chofer del Embajador. El Sr. Kawade, además de presenciar el Milagro, recibió un Mensaje personal de la Madre de Dios. Él mismo escribe al Nuncio Apostólico: "En ese momento (cuando presenciaba el Milagro) recibí una inspiración, como si la propia Virgen María me dijera: 'Trabaja por la paz en Nicaragua.'"

     Los aspectos contraproducentes que menciono arriba y que voy a detallar ahora, se originan en una búsqueda de milagros totalmente innecesaria. Por esto el título del presente artículo: "¿A quién has venido a ver?" Porque, desafortunadamente, se tiende a buscar los milagros de Dios y no al Dios de los milagros. No me opongo para nada, ni mucho menos, que los fieles vayan al Lugar de las Apariciones a presentar sus necesidades personales, de la naturaleza que sean, a la Madre del Señor para que Ella interceda en favor de los que piden. Dios, al fin de cuentas, está lleno de un deseo infinito de darnos todo aquello que le pidamos---y más de lo que esperamos--- confiados y llenos de la fe del leproso que pidió ser sanado por el Señor Jesús que fue precisamente el Evangelio proclamado este domingo pasado, VI del Tiempo Ordinario.
No obstante, como he dicho cantidades de veces en mis homilías en el mismo Lugar de las Apariciones, la Virgen Santísima no vino a Nicaragua a obrar milagros. Su Presencia entre nosotros en el año 1980 era de un carácter urgentísimo: invitarnos a la conversión radical y a vivir el Evangelio de Su Hijo. Nos avisó que si no cambiamos de estilo de vida "vamos a apresurar la tercera guerra mundial." Y nos dijo, igualmente, que "Nicaragua ha sufrido mucho desde el terremoto (23 de diciembre, 1972) y seguirá sufriendo si ustedes no cambian." Nos pidió que oremos, reflexionando, los Misterios del Santo Rosario todos los días y que renovemos el piadoso ejercicio de los Primeros Sábados que Ella pidió en Fátima. Además de la importancia suprema de invitarnos a la conversión personal y comunitaria, el Mensaje abarca toda la realidad nicaragüense --y mundial-- pues la Señora nos dijo: "Hagan la paz. No pidan la paz sin hacerla, porque si no la hacen no sirve para nada el que la pidan." El Mensaje de Cuapa, en su totalidad, como vivencia del Mensaje evangélico tiene que ser el único motivo de nuestra devoción a la Señora vestida de blanco y azul que se manifestó a Bernardo. Mucho ojo, no obstante, con esto que escribo: la Virgen no viene a pedir una devoción particular hacia Ella ni al Lugar donde se manifestó; Ella siempre viene a recordarnos las Palabras de Su Hijo para "sacudirnos" interiormente de forma tal que optemos por la conversión de una vez por todas. "Hagan lo que Él les diga," (Jn 2, 5) es el Testamento de la Madre de Dios para nosotros hasta que Su Hijo regrese en Gloria.

     En Cuapa, desafortunadamente, se presenta el fenómeno que se da en otros sitios visitados por la Madre del Señor, es decir, que los fieles llegan "por Ella" como "fin último" de sus vidas y olvidan el Mensaje que es estrictamente una repetición del Evangelio de Jesús, un recordarnos que tenemos que regresar a los orígenes de nuestra fe: viviendo exclusivamente para Dios y solamente para Él. La Madre del Señor nos pide con insistencia que sea Dios el Centro de nuestras vidas y solamente Él. En Cuapa, la Virgen prohibió inclusive que se le edificara un templo: "Ustedes son el templo, quiero templos espirituales" nos dijo, recordándonos así las palabras que el Paráclito le inspirara al santo Apóstol Pablo: "El Espíritu habita en ustedes." (Rm 8, 9). Y esta santidad personal vivida convencidos de que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo es el resultado, naturalmente de la vivencia del Evangelio de Cristo. La Virgen nunca ha visitado un lugar para buscar Su propia gloria, Ella es la Esclava del Señor, es Hija y Madre y Discípula (la primera) de Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Ella, donde se manifiesta, busca a toda costa cómo Sus hijas e hijos vivamos como Jesús vivió pero, repito, triste y desafortunadamente, la mayoría de personas vamos a Cuapa por lo más fácil: en búsqueda de milagros. No es que se prohíba esto, aclaro, otra vez, que es bueno, justo y saludable acercarse a la Madre dulcísima y como niños pequeños exponerle las diversas necesidades: la salud personal o de un ser querido, los problemas de casa, etc., pero lo fundamental, lo esencial, es ir a Cuapa, o donde sea que nos encontremos (porque para buscar a Dios no tenemos que ir como condición a Cuapa o a cualquier otro lugar), para pedir la Gracia de la conversión y la asistencia constante de la Madre del Señor que nos ayude en los momentos de prueba y tentación, para perseverar en la Vida de Dios.

     Escribía antes, que no he finalizado de celebrar los Divinos Misterios en el Lugar de las Apariciones, cuando la gente toda ya se desligó totalmente del Altar y tienen sus cabezas hacia arriba, casi forzando al sol para que dance y se dejen ver los colores que el Señor pinta en el firmamento como signo y señal de que Su Madre Inmaculada está presente. Psicológicamente comprendo la necesidad de "buscar" y "ver" signos, a la vez que, realmente, en el fondo la verdad es que la búsqueda de los mismos implica que la persona necesita de pruebas para creer. Consecuentemente, esta actitud es negativa y peligrosa en extremo. El cristiano está invitado a creer sin pruebas (Jn 20, 24-29), pero la naturaleza humana, quizá por esa soledad existencial que experimenta en lo más profundo del ser, necesita y busca la prueba tangible de que Dios existe, que está vivo y se manifiesta a los hombres por medio de signos portentosos. Esta calidad de fe es pobre y rozando el cálculo y me atrevo a afirmar que veladamente esta actitud humana podría comprenderse como un desafío y ánimo de tentar a Dios.

     Al Lugar de las Apariciones no se va, entonces, buscando ver danzar el sol ni las otras manifestaciones de la Madre del Señor. La teología espiritual nos advierte y previene que "no debemos buscar milagros" y que cuando el Señor en Su Bondad Infinita se manifiesta, nos "toca aceptar humildemente Su regalo." Nada más y nada menos.

Con este artículo, deseo hacer una llamada a todos los Peregrinos que visitan el Lugar de las Apariciones: vayan todas y todos pero no a buscar ---ni forzar--- acontecimientos extraordinarios, que alimentan una fe superficial e infantil. Que su presencia en Cuapa sea la del pecador arrepentido que se acerca a la Madre Inmaculada para que Ella facilite el encuentro personal con Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que su visita al Lugar de las Apariciones sea de carácter penitencial y decisivo; es decir, vamos todos a Cuapa para decirle al Señor: "Que la visita de tu Madre Santísima no quede en vano, dame tu Gracia para no ofenderte más y poder superar, con tu ayuda, todo aquello que me separa de Vos. Que el Mensaje que nos vino a entregar la Señora haga eco en mi corazón contrito y humillado y yo sea sal y luz para mis hermanas y hermanos caminando con ellos, ayudándonos mutuamente en la constante lucha por convertirnos y alcanzar la Santidad." De ser esto lo que motive nuestras visitas al Lugar de las Apariciones, vamos muy bien; lo que venga luego: manifestaciones, etc., serán pesadas en nuestras almas como algo totalmente secundario, innecesario para mi fe.

     La visita al Lugar de las Apariciones debería ser la causa de una reflexión profunda, más que colocar flores a los pies de la Imagen de la Madre de Dios de Cuapa y encender cirios. ¿Por qué escribo esto? Sencillamente porque fue en ese Lugar que la Madre de Dios denunció los pecados de Nicaragua, mostró la enfermedad y nos mostró el camino para encontrar la medicina: la conversión. "Una Madre no olvida nunca a Sus hijos," nos dijo en Cuapa y Su compromiso con nosotros es radical pues agregó: "Soy la Madre de todos ustedes, pecadores."

     En el Lugar de las Apariciones deberíamos reconocer todos que somos profunda e infinitamente amados por Dios y Su Madre Santísima: amados incondicionalmente: a como somos, no como deberíamos de ser. Porque en esto consiste el Amor de Dios: Él nos ama en nuestro pecado esperando que libremente regresemos a Él para reconciliarnos y concedernos en abundancia Su Perdón y Misericordia. San Juan Apóstol y Evangelista, nos dice: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero" (I Jn 4, 10).

     En esta visita al Lugar de las Apariciones, igualmente deberíamos experimentar el desafío de ser diferentes delante de Dios; de vivir Su Vida, de ser santos como Él es Santo: "Sean santos, porque Yo, el Señor, su Dios, soy Santo" (Lv 19, 2). Allí, donde la Madre de Dios se manifestó a Bernardo Martínez, todos deberíamos tomar la resolución definitiva de retornar donde nuestros familiares, nuestros compañeros de trabajo, etc., radiantes de paz porque llevamos a Dios dentro de nuestros corazones. Debemos salir del Lugar de las Apariciones convertidos, amarrados, cosidos, de las manos de Dios y de la Inmaculada para no volver a la antigua condición de pecadores. Si no vamos a Cuapa con esta intención de cambiar, de convertirme, de ser la nueva creación, por muchos esfuerzos que hagan el Señor y Su Madre seguiremos perdidos en nuestros pecados y lo que Dios espera de cada uno es que caminemos en la luz y rompamos de una vez por todas con el pecado, en todas sus formas. De hecho, el cristiano que avanzando en su vida espiritual llega a un nivel en el que el pecado no entra en sus cálculos ni en su vida se siente llamado a ser santo y a estar en comunión con Dios que hasta el pecado más pequeño es visto como una gran ofensa a la Majestad Divina y un obstáculo entre Dios y esa alma. Así lo veían y comprendían los grandes Santos de la Iglesia. Es que lo más que se ama a Dios, mayor será nuestra delicadeza con Él. "El amor de Dios consiste en cumplir Sus Mandamientos que no son una carga. Todo el que es hijo de Dios vence al mundo: y ésta es la victoria que venció al mundo: nuestra fe." (I Jn 5, 3-4). San Juan nos dice, pues, claramente, "El amor consiste en proceder según los Mandamientos de Dios" (II Jn 6).

     Concluyendo, este primer punto de mis observaciones sobre ciertos aspectos negativos que se presentan y dan en la vida del Santuario de Cuapa si no vamos al Lugar de las Apariciones con el corazón abierto al Señor para que nos perdone, nuestra presencia es incompleta y la intención pobre y miope. Siempre hay presbíteros dispuestos a escuchar confesiones en el Lugar de las Apariciones, la Virgen visitó el municipio de Cuapa para llamarnos, con toda fuerza, a la conversión. No dejemos pasar la feliz oportunidad de reconciliarnos por medio del Sacramento de la Penitencia: vamos a gozar de paz y serenidad al escuchar al sacerdote que nos dice con la misma autoridad del Señor Jesús: "Yo te absuelvo de tus pecados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo."

     Otro aspecto importante de necesaria aclaración que se presenta en el Santuario es la presencia de algunos sacerdotes y laicos que afirman tener un particular "poder de sanación." Basados en la Sagrada Escritura (Mc 3, 16-19; Mt 10, 1-4; Lc 6, 12-16; Hch 1, 13), todo sacerdote es recipiente de los Poderes que el Señor Jesús depositó en el Colegio Apostólico, es decir los Doce. De esos poderes mencionados en los tres Evangelios sinópticos, cada presbítero es heredero en virtud de la Imposición de Manos del Obispo ordenante y de la Oración de la Iglesia. Ahora, que no todos los sacerdotes podamos obrar milagros es algo que realmente, pertenece, diría yo, al Secreto de Dios. Equivocadamente algunos sacerdotes se sienten "especiales" y "dotados" de un poder particular y cuando se encuentran con el Pueblo de Dios, lo que ellos hacen más bien confunde a los Fieles y consiguen que éstos se acerquen al templo buscando, nuevamente, cosas extraordinarias. No existen "super sacerdotes" con el "poder de sanación," esto es rotundamente falso, equivocado y lleva a los fieles sencillos por caminos erróneos. Una característica de estos hermanos míos en el presbiterado es que se "promueven" con una facilidad asombrosa mientras que los que verdadera y objetivamente, tanto en el pasado como en nuestros días, han sido los instrumentos de Dios para la sanación física de los creyentes, es la humildad aplastante de estos hombres y mujeres que se consideran "nada" y "estorbo" para los Planes de Dios. San Martín de Porres, O.P., temblaba de pavor cada vez que el Señor se servía de él para sanar a los enfermos y llorando afirmaba: "soy solamente el más grande pecador de la tierra y un perro mulato." Nunca Martín se promovió como el que tenía ése particular poder y las personas le seguían en multitudes no porque él se hubiera promovido, jamás, sino porque era Dios mismo quien se encargaba de glorificar a Su santo y humildísimo Siervo, Martín de Porres. Igualmente, en el siglo pasado, el Papa San Pío X, bautizado Giuseppe Sarto, que ocupó la Silla del santo Apóstol Pedro entre los años 1903-1914, cuando obraba un milagro y era informado por sus colaboradores inmediatamente decía: "Ustedes se han equivocado, mi apellido es Sarto y no santo." La misma actitud encontramos en San Pío de Pietrelcina, O.F.M. Cap., la realidad es que todo verdadero amigo de Dios vive la humildad en grado heroico. Como ven, ningún Santo o Santa se promueve ni dice tener el "don de sanación." Conozco un presbítero que se promueve como quien tiene ese carisma particular y a quién yo mismo le pregunté si tenía el don de sanación..., él me respondió en fracciones de segundos: "así es." Su actitud, sus palabras y el tono de voz al decirme esto solamente me dejaron desilusionado en extremo por la arrogancia que encontré en él.

     Es más, en ningún Documento del Magisterio positivo de la Iglesia Católica está escrito que "Dios concede a algunos sacerdotes el poder de obrar milagros acompañado del don de sanación." ¡No, para nada! Ni la Escritura ni el Magisterio, por lo tanto, apoyan a estos tales que con sus oraciones largas, interminables letanías y gestos adormecen a las personas. De lo que yo sepa, ninguno de ellos ha sido capaz de sanar a nadie. Por el otro lado, estos presbíteros que afirman haber recibido un "don especial, particular, " de Dios, ¿dónde dejan a la persona del Romano Pontífice? Si simples presbíteros "pueden sanar" con mayor razón gozaría de ese "don particular" el Santo Padre, ya no tanto por su propia santidad personal sino por razón del Ministerio de servicio a todas las Iglesia que ofrece como Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro. Si estos "dones particulares" al que apelan algunos sacerdotes y laicos fuera objetivos y reales el Santo Padre, repito, gozaría y estaría adornado de todos los carismas del Espíritu Santo que algunos presbíteros y laicos afirman haber recibido, incluyendo el mismo don de lenguas y el llamado "reposo en el Espíritu." El Papa sanaría a todos los Enfermos del mundo, que lo visitan en Roma: igualmente todos los Enfermos que él encuentra en sus viajes apostólicos serían sanados, pero no es así. Entonces, si seguimos esa línea que afirman algunos presbíteros y laicos, todos los carismas serían monopolio del Papa pero no es así. Desde el Papa San Pío X hasta el Siervo de Dios Juan Pablo II de ningún otro papa se ha reportado el que haya sanado a personas enfermas. Y, nuevamente, cuando el Siervo de Dios Juan Pablo II cuando aún vivía sanó a varias personas de sus males físicos, nunca se tuvo conocimiento del poder sanador de Juan Pablo el Grande, es que los Santos verdaderos viven la más grande humildad y se esconden del mundo: nunca se promueven. Igualmente encontramos en la Beata Teresa de Calcutta la vivencia extrema de la humildad, hoy por hoy,  encontramos en el libro "Be my light," ("Sé mi luz"), que Madre Teresa vivió intensamente una relación con Dios en la cual hasta comunicaciones o locuciones y visiones están recogidas en las cartas que la Madre Teresa escribía a sus confesores y directores espirituales. Pero durante su vida, ella nunca dijo nada ni sugirió nada sobre el mundo espiritual y místico en el cual ella vivió siempre.

     Tenemos pues que aceptar, porque nos lo dice la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, que todo sacerdote es recipiente de los Poderes que Jesús confió a los Doce Apóstoles; el obrar prodigios y sanaciones, depende de la Voluntad de Dios que siempre busca el bien eterno de la persona, con esto quiero decir que lo que Dios haga por mí, lo que sea, lo realiza buscando mi bien eterno, no el pasajero como fin. No permitan que aquellos presbíteros que "afirman" tener estos dones particulares, les llenen sus mentes de una moda que desvía del auténtico Magisterio Eclesial. Este fenómeno de "sacerdotes con el poder de sanación" incluyendo algunos laicos, igualmente, es algo nuevo en la Vida de la Iglesia. Antes de los años 70 nadie hablaba del "don de lenguas," del "poder de sanación," etc., todo esto es nuevo y encuentra su orígen en los Estados Unidos, en las iglesias protestantes, concretamente en la secta de los pentecostales. El Magisterio positivo de la Iglesia nos enseña que "El Milagro es solamente posible en la Iglesia Católica porque confirma la Verdad." Con esto, naturalmente no limitamos a Dios y Su Providencia, sin embargo, teológicamente, el Milagro solamente puede suceder en el seno de la única Iglesia fundada por Cristo sobre la Roca de Pedro: la Iglesia Católica que no pretende poseer la Verdad sino que por el contrario, la Verdad la posee a ella. Igualmente tenemos que reconocer que Dios no interfiere en Su creación, en la naturaleza todos los días con hechos extraordinarios. Un Milagro es algo serio y raro y para autenticarlo, la Iglesia necesita de mucho tiempo, reflexión y, sobre todo, de la asistencia de peritos: médicos, documentación, etc. Dicho sea de paso, en Lourdes donde la Madre del Señor se manifestó en 1858 a Santa Bernardita desde el inicio de la manifestación miles de miles de milagros han sido reportados. La Iglesia, no obstante, solamente ha reconocido unos pocos, contados, literalmente, con los dedos.

     De la misma forma que no existen sacerdotes que puedan sanar, de la misma forma no existen "Misas de sanación." Esto es una desviación seria y grave de naturaleza teológica y litúrgica que ha confundido a muchas personas. Entre los desórdenes conseguidos por estas supuestas "Misas de sanación," los Fieles solamente van cuando en la radio, los periódicos, etc., se promueven estas celebraciones "Con el Padre X, que tiene el poder de sanación." Todo esto no es de naturaleza católica ni la "teología" detrás es sana y mucho menos verdadera porque es como afirmar que Cristo está dividido en dos clases de celebración de Sus Divinos Misterios: es decir, eso de las supuestas "Misas de Sanación" indican que en la celebración cotidiana de la Eucaristía, Cristo permanece indiferente al sufrimiento humano y a las diferentes necesidades y que solamente obra en favor nuestro cuando un "super sacerdote" celebra una misa de sanación. Totalmente falso. En ningún momento ustedes han leído que el Santo Padre invita a una "Misa especial de sanación." Toda celebración eucarística es de sanación, el resto queda en el Señor. Por el otro lado, los Fieles atraídos por esta "cosa nueva" abandonan el participar de la Santa Misa el día domingo, el Día del Señor, para participar, donde sea y a la hora que sea, en una "Misa de sanación." Cada vez que se acercan al Altar del Señor para participar de los Divinos Misterios, Dios de la vida está sanando tanto las almas como los cuerpos enfermos. No vayan pues a buscar al "Padre N," ni participen de "Misas de sanación" que, en su misma esencia siguen todo el formato de los protestantes fundamentalistas.

     Libremos a Cuapa, por lo tanto, de estas desviaciones que confunden solamente. Vayamos buscando a Dios y no Sus milagros. Nuestra fe sería totalmente interesada e inmadura si lo que nos lleva a buscar al Señor es el resolver esto o aquello. Lo peor es que se busca a la fuerza movidos por algunos sacerdotes y laicos que creen que los milagros son como mangos que se encuentran a todas horas en todas partes.

     Por el otro lado, los prodigios que se dan en Cuapa, sean gracias de orden espiritual o sean de naturaleza física, son verdaderos milagros que se obtienen por intercesión de la Madre de Dios. En mi experiencia sacerdotal en Cuapa, he visto, confirmado y comprobado que la "especialidad" de la Madre de Dios en Su Santuario es la conversión. Los Fieles se acercan al Sacramento del Perdón después de muchos años, hasta 50 o más... ¿Cómo explicar esto? Lógicamente no se puede, humildes, entonces, tenemos que alzar nuestros ojos al Cielo y reconocer que Dios no se cansa de esperarnos y que Su Madre Inmaculada siempre está atenta para ayudarnos en nuestro propio seguimiento de Cristo Muerto y Resucitado. Vivamos para Él solamente y abracemos entusiasmados nuestras propias cruces, el camino recto y seguro para llegar hasta Dios y cada vez que vayamos a Cuapa, especialmente al Lugar de las Apariciones, preguntémonos "¿a quién vine a ver y qué vine a buscar?"

 


Rev.Fausto Zelaya, 19 Febrero de 2009.

 

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